miércoles 18 de julio de 2007

Mis días, a modo de querido diario

Hace dos años todo era diferente, podía pasar horas en la cama haciendo zapping, podía manejar incansablemente de un lado a otro sólo para ver a mi querido príncipe, podía olvidarme del mundo de vez en cuando y esperar que el mudno se olvide de mi, no le debía nada a nadie.
Y luego vino Daniel, tan pequeñito a crecer dentro de mi panza, los últimos días de mi vida como un sólo ser, Daniel dejó la burbuja y vino al mundo de los locos que tenemos la responsabilidad de inculcarle locuras buenas a esta persona que a pesar de venir de nosotos es otro muy distinto.
Ya no hay tiempo de hacer zapping, ya no hay tiempo de almorzar a la hora, de recostarse en la cama, no hay tiempo para mí. Soy de mi hijo y soy de mi esposo y de mi solo soy de vez en cuando. Ahora también soy de mi oficina, y aquí me robo tiempo para volcarme en letras y para crear, me robo tiempo para mí también pero no es la casa, la cama y la pijama. Trabajar me hace ser alguien más aparte de la mamá de y la esposa de, y aunque me encanta ser ella la continuidad es a lo menos agobiante.

Pero estoy aquí lejos de él, como cada mañana-tarde y lo extraño, me muero por abrazarlo, por que me diga en balbuceos que lo cargue y lo haga brincar sobre la cama, pero no estoy con él. Y en unas horas estaré con él y luego las secuelas de las horas avanzadas del día me harán sentir el cansancio en la nuca y los grandes planes de juego se convierten en mal humor, y él me mira y me estira los brazos y una aguanta porque hay que aguantar, es imposible rendirse. Cuando cae dormido el mundo es mío, dos horas antes de que el cuerpo reclame y se duerma, pero también soy de mi príncipe. Y el tiempo es como una bala no se sabe cómo pero cada minuto se acaba en medio minuto y antes de lo esperado hay que invocar al sueño y se acaba la noche, que pasa entre desvelos por mi bebé que a veces duerme como un ángel y otras veces no duerme tan bien. A las seis empieza nuevamente el rodeo y no hay descansos nunca.

La vida avanza más despacio o más rápido, no tengo idea, pero creo que uno termina por crecer porque cada vez el tiempo de juegos se empequeñece, afortunadamente tengo a Daniel para recordarme que aunque tengo que estar todo el día junto a él la magia está en querer tener que pasar el día junto a él todos los días que me sean posibles. Es un contrato de por vida que hay que aceptar con calma, no creo que nadie se acostumbre a no volver a existir por uno mismo sino por alguien más. Pero lo amo, amo a Daniel y a mi principe y hay que estar al pie del cañón, siendo lamadre sufrida porque es así pues hay renunciar a cosas para entregarselas a quien quieres. Igual, llevamos en esto nueve meses, con el tiempo todo será más normal, tal vez no más fácil pero más llevadero. Es terrible la dicotomía de tener un hijo y sentir un amor tan grande y luego sentir que al ganar esa emoción pierdes una parte de ti. Pero vale la pena, basta con verlo para que valga la pena, y cuando nacen recién los conoces y ya los amas, imagínate después de verlos crecer un poco cada día y verlos aprender lo más elemntal y enseñarte todo eso que no sabías. Toda una confrontación emocional esto de ser mamá.

2 comentarios:

Blue Meanie dijo...

Pues no se si sera igual para los padres.... talvez sea porque las mujeres son mas emocionales, pero creo que hasta que tenga un hijo no sabre eso de "vivir por alguien más", la identidad e independencia me parecen cosas tan humanas y basicas que me cuesta comprender la teoria de no-ser-egoista ni un momento al dia. Que dificil debe ser, suerte.

Nairobi dijo...

senti miedo a lo desconocido